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Cuando la economía se pone difícil y llegan cambios grandes, muchos apelan al espíritu emprendedor pensando que el motor global puede sacarlos a flote. Pero, les pregunto: ¿Es el empresarismo la solución correcta para todos? ¿No necesitas unas características o talentos específicos?

 

Mis queridas emprendedoras, ningún empresario ha sido capaz de “caer y levantarse”, y ningún negocio ha llegado al éxito, sin esta cualidad fundamental: resiliencia. La resiliencia es la capacidad que tienen las personas de enfrentar, adaptarse y sobreponerse ante situaciones de adversidad.

 

Ojo, ser resiliente no significa no sentir coraje, dolor emocional o sentirse vencida ante las adversidades. La falta de flujo de clientes, los conflictos adversos con empleados o socios, problemas financiero serios, etc., son situaciones que tienen un gran impacto en las personas y producen sentimientos de inseguridad, incertidumbre y dolor emocional. Aun así, las emprendedoras exitosas logran, por lo general, sobreponerse a estas circunstancias y adaptarse bien al paso del tiempo.

 

Recuerdo cuando abrí mi restaurante con muchísima ilusión y dedicación. Después de muchos contratiempos, abrimos nuestras puertas y gracia a Dios el lugar se llenó. Tuvo muy buena acogida, porque la comida era deliciosa y variada, las bebidas eran innovadoras y el servicio era de primera. Todo apuntaba a que sería un éxito rotundo.

De repente, llegó la tormenta Jean, amenazando con convertirse en huracán, y el gobierno tomo medidas y ordenó apagar todos los transformadores eléctricos. Estuve casi tres semanas sin luz por ineptitud del gobierno y aunque contaba con una planta pequeña para proteger el equipo, no daba abasto para que brindáramos comida. Sin embargo, yo estaba tranquila porque me había preparado y tenía seguro de protección contra huracanes. Para mi sorpresa, como Jean fue catalogada tormenta y no huracán, mi seguro no me cubrió los daños ni la interrupción del servicio. Tratamos de

reabrir, pero los daños fueron mucho y no pudimos sobrevivir.

 

Quería subirme a un avión y olvidarme de todo. Lloré y sufrí, pero me sequé las lágrimas y decidí continuar. La resiliencia no es algo con lo que se nace o no se nace. Resiliencia implica una serie de conductas y maneras de pensar que cualquiera que desee EMPRENDER puede y debe desarrollar. Te comparto esta anécdota de mi vida porque tuve que levantarme y seguir hacia adelante.

 

Quiero compartir contigo ahora unos consejos que me han ayudado a desarrollar resiliencia y que puedes incorporar a tu repertorio de actitudes para defenderte y levantarte en los momentos difíciles.

 

 

1. Cultiva las relaciones. Nunca dejes de buscar y compartir con la gente que te rodea, ya sean familiares, amigos, etc. Ellos te escucharán y apoyarán en los momentos difíciles, lo que te ayudará a ser más resiliente. Siempre hago hincapié de no olvidar tener tu núcleo de amigas de confianza, serán honestas y leales no importa la situación.

 

 

2. Ten un pensamiento constructivo.  Mira las situaciones desde un contexto interno, profundo y analítico, buscando siempre la relación entre causa y efecto que te ayudará a no volver a tropezar con la misma piedra en el futuro. O sea, mira todo con ojos de estudiante y asimila lo aprendido en tu arsenal de experiencias.

 

 

3. Desarrolla metas y objetivos. Quienes no tienen sus sueños y metas claros es como quien se aventura a un peligroso e incierto viaje sin una ruta clara o un mapa. Toma lápiz y papel y anota tus sueños, metas y objetivos en la vida. Revisa tu visión de vida y haz algo todos los días que te haga sentir más cerca de tu meta. Siempre les hablo de aprovechar el tiempo en cada proyecto o negocio.

 

 

4. Acepta la realidad. Si no eres capaz de aceptar la realidad tal y como es, no serás capaz de cambiarla por algo mejor. Busca la manera más rápida y eficaz de pensar profundamente en la solución del problema. Si no tiene solución, agradece lo aprendido y sigue tu evolución.

 

 

5. Actúa. Concentra todas tus energías en encontrar las maneras de escapar de la adversidad o situación que atraviesas. No intentarlo es peor que intentar y fallar. Todo lo que hagas mientras buscas una solución ampliará tu visión del objetivo que quieres alcanzar.

 

 

6. Confía en ti misma. Muchas veces enfrentamos los problemas diciendo “No creo que pueda lograrlo” o “Esto es imposible de solucionar”. Elimina esas palabras de tu diccionario ahora mismo. A veces tenemos que “actuar” como queremos estar en el futuro, aunque no nos sintamos así en este preciso momento. Tenemos que creer fuertemente en nosotras mismas. Si después de autoanalizarte te das cuenta que te falta algo, trabaja en eso. Recuerda, jamás te

rindas ni te quites.

 

 

7. Aprende a crecer con tus problemas. Si todas tus dificultades y problemas pasan

inadvertidos, ten cuidado. Este es un síntoma serio de que no estás aprendiendo de ellos y estarás desperdiciando tiempo valioso. Sobre todo, aprende de tus errores. Ellos te harán cada vez más fuerte y sabia. Ellos te brindarán también mejores herramientas para enfrentarte a los problemas que retrasan el logro de tus sueños.

 

 

Y recuerda:

 

“No puedes controlar todas las situaciones de tu vida, pero sí puedes controlar

todas tus actitudes hacia esas situaciones”.

 

— Zig Ziglar